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ESCULTURA EN EL ESPACIO PUBLICO - ARTICULO PUBLICADO EN LIBRO "305" ARTESPACIO EDITORIAL 2015
LA MOVIDA ESCULTORICA DE MARTA COLVIN - PUBLICADO EN LIBRO "MARTA COLVIN ESCULTORA"
ALBERTO PEREZ REVISITADO (POETICA EXISTENCIALISTA)
LA ESCULTURA EN CHILE, RAICES Y DEPENDENCIAS - REFLEXIONES CON ALBERTO PEREZ
LA COPA LLENA (FELIX MARUENDA)
TIERRA DEL FUEGO
DE VIRGINIO ARIAS A LILY GARAFULIC
ARTE Y CIENCIA
PIEDRAS DE FRANCISCO GAZITÚA
CABALLOS DE ACERO
SAUCES DE ACERO, CONSTRUCCIÓN FUNCIONAL
IMAGEN Y MATERIALIDAD
BUQUES DE ACERO, CARTA A DON SANTIAGO ARIAS
VOLVER A LOS ANDES
EL ESCULTOR COMO DOCENTE
MADERA Y FIGURA HUMANA
BLANCO Y NEGRO (TEXTO PUBLICADO EN LIBRO FRANCISCO GAZITUA 1970-2009 - ARTESPACIO EDITORIAL
TEXTO LILY KASNER
ESCULTORES Y MINEROS
VIAJE HACIA REBECA MATTE
PUENTES
NICANOR PLAZA - FRANCISCO GAZITUA: DIALOGO ENTORNO AL CAUPOLICAN. MUSEO NAC. BELLAS ARTES - CHILE - 2011
LIBRO CATALOGO CABALLO DE BARNECHEA
BUQUE ESMERALDA
TEXTO PUBLICADO EN CATALOGO "VIAJE AL CORAZON DE LA PIEDRA" - 2015 - ARTESPACIO EDITORIAL
MATERIA, ESCULTURA Y POESIA (CRISTIAN WARNKEN)


CABALLOS DE ACERO
El Bebedor de los Vientos
Publicado en el libro "Francisco Gazitua Esculturas" Ediciones Artespacio 2003.
Francisco Gazitúa, 2003
Yo pongo mi alma en el caballo, y me pregunto:
¿A que futuro dirigían su mirada los caballos de acero que bajaron sin
miedo las escaleras de Los Andes, sacando chispas de roca en roca?
¿Quién nos hizo este regalo de viento, de nobleza?
Patricio Schmidt, arquitecto y caballista

El Viento

"El verdadero señor de Los Andes es el viento", afirma el fotógrafo ecuatoriano Pablo Corral, "tanto en la Patagonia como en el Altiplanoboliviano, en los páramos musgosos de Venezuela como al pie de los volcanes de Ecuador, ahí está el viento carente de apegos:

La historia de Los Andes es la historia del viento. Somos todos huairapamushka": hijos del viento.

Mi caballo-escultura busca ese viento. Su estructura es la de un instrumento musical. Busca ese viento para sonar en las alturas de LosAndes.

En la llanada de Las Llaretas, un portezuelo límite que conforma una de las mejores chimeneas captadoras de viento de Los Andes, a 3.361 metros de altura, entre el Aconcagua y el Mercedario, las cumbres más altas de Los Andes.

"El 4 de mayo de 1899, subimos al portezuelo", cuenta el geógrafo Luis Risopatrón, "y la fuerza del viento era tal que teníamos que hacer esfuerzos para sostenernos arriba de la mula. Vimos volar piedrecillas de unos dos o tres centímetros".

Mi caballo escultura se llama entonces El Bebedor de los Vientos. El sonido de Los Andes. Más que el acarreo de piedras de sus ríos o el crujido de sus glaciares en la noche, más que sus truenos, la voz de Los Andes es el sonido del viento.

Estos vientos nacen muy lejos, en el centro mismo del Pacífico Sur, entre Australia y la Polinesia, después de muchos días de vuelo entran al continente americano, allí suben por Los Andes donde la fuerza de convección les aumenta la velocidad, cruzan al otro lado y van a morir al corazón de la pampa argentina. En los ciclones de invierno, se transforman en los vientos blancos mortales por el hielo que acarrean y por la fuerza con que empujan.

El Lugar – Portezuelo de Las Llaretas

Este paso es sin duda el mejor de la zona central viniendo del norte. Forma parte del antiguo Camino del Inca, cuyo itinerario de norte a sur era: Cuzco - Oruro - Potosí - Quebrada de Humahuaca - Salta - Tinogasta - Pampa de Yaguaraz - Barrial - Los Manantiales - Espinacito - Paso las Llaretas - Alto del Cuzco - Putaendo.

El trazado del Camino del Inca lo hizo la naturaleza primero en sus fallas geológicas que luego sirvieron de ruta a las inmigraciones de los primeros habitantes de América, veinte mil años antes de los incas. El portezuelo cuenta con la mejor muestra de llaretas (laretia-acaulis) con que me haya encontrado en mis viajes a través de Los Andes, unas ochocientas hectáreas distribuidas en los pequeños valles de los alrededores.

Debido a la fertilidad de las tierras altas de ese trozo del Camino del Inca y por lo trabajado de sus huellas, el grueso del ejército libertador, alrededor de 1.800 hombres y 5.000 caballares y mulares, con el propio O'Higgins y San Martín a la cabeza, cruzaron por allí en 1817. Instalo mi escultura allí porque ese lugar, por la calidad de su historias, su geología y su vegetación, se ganó por sí solo sus derechos culturales.

Caballos

Los bebedores de los vientos son una raza secreta de caballos que doblan a los otros en su capacidad de absorber oxígeno, ya que tendrían cada orificio de la nariz conectado a través de un solo conducto con su respectivo pulmón.

Decidí trabajar en escultura con la idea de estos caballos abiertos al aire y recorrí durante los dos años que me demoré en realizarlo el camino inverso al seguido por Ulises en la construcción del Caballo de Troya, hecho para ocultar su interior. Todos los caballos que vinieron después, los grandes caballos de la escultura, el de Marco Aurelio en el Campidoglio, los Coleone y los Gatamelata siguen el mismo sistema constructivo. El único caballo que muestra su interior en su superficie es uno de 50 centímetros que se encuentra en el Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago de Chile: es el monumento ecuestre al General Lynch de Rodin, que nunca se realizó.

Al no encontrar referente de caballos abiertos en la historia grande de la escultura, decidí comenzar a experimentar con mis caballos, que podría describir como pertenecientes a la raza criollo andina.

Los modelos reales de esta investigación fueron dos caballos: el Rey de Bastos y el Buen Amigo. Ellos viven y pastan en el cerro alrededor de mi taller y generalmente me miran trabajar.

"El artista tiene que ser obsesivo, tiene que vivir escultura, pensar escultura, soñar escultura", me decía hace poco en una carta mi amigo Anthony Caro.

Esa obsesión también toca los referentes de la escultura.

Entonces viví caballo, pensé caballo y soñé caballo; y recorrí en ellos las mil huellas de Los Andes. En estos caballos criollos se cruzan todas las sangres y la sabiduría de quinientos años de adaptación genética a la cordillera.

Poco se sabe de esta raza de caballos. En mi vida con ellos, me he dado cuenta de que contradicen todas las teorías sobre equinos, que, por ejemplo, confieren al caballo un "techo de vuelo" de 3.500 metros.

En marzo del año 2003, subimos en ellos hasta casi la cima del cerro El Plomo a 5.200 metros de altura. Puedo asegurar que tienen la fineza y la seguridad en la pisada de una mula, pero la misma discreción y lealtad de un caballo. Agregan a esto la misma "liviandad de patas" y "facilidad de rienda" del caballo chileno de los valles.

También los he visto encarando temperaturas de –10º en altura, con vientos poderosos y cargando cien kilos en viaje durante diez o quince días.

Estos animales, quizás no muy bellos según los cánones establecidos, de patas cortas y muy forzudos, son herramientas útiles más que los "briosos corceles" de Rubén Darío.
Están acostumbrados a comer cualquier cosa, nacen y se crían entre los 2.000 y 3.000 metros en las mesetas de la cordillera, son amansados en las huellas y finalmente su precio nunca sube de 140 dólares, aunque los míos no los vendo ni por mil.

Después de todos estos años de conocimiento mutuo, puedo decir que ellos son los verdaderos bebedores de los vientos.

La Escultura

Un caballo de acero de 2 toneladas de peso, 5 metros de alto por 7 de largo y 2,5 de ancho. Comenzó a gestarse hace tres años, poco a poco en las 24 esculturas de la colección "Caballos de Acero", y la forma que hoy tiene fue generada por el proceso mismo de trabajo.

Los límites con que trabajé fueron los siguientes:

Modelos, dos caballos: Rey de Bastos y Buen Amigo.

Sujeto de contenido: un caballo que a la vez sonara como un instrumento de viento.

Asesoría en sonido: José Pérez de Arce.

Material: acero forjado y soldado.

Técnica: construcción en partes para ser desarmado en 30 pedazos.

Tamaño: grande, visible en la cordillera.

Peso: 2 toneladas máximo pues debía ser transportado en 30 partes de 70 kilos cada una en 30 mulas en un viaje de dos días por huella de cordillera.

Cálculo estructural: planchas de acero con técnica de soldadura, reforzado para soportar vientos de hasta 200 kilómetros por hora. 4 fundaciones de 1 m3 de aproximadamente 2 toneladas cada una.

Proceso de Trabajo

Teniendo en cuenta el objetivo final, comencé a trabajar la idea de un caballo abierto. Para eso realicé cerca de 30 esculturas de pequeño formato, que por su forma produjeran mayor o menor oposición al viento y que, de alguna manera, produjeran sonidos por vibración :

Tres caballos de malla completamente abiertos al viento.

Seis versiones de placa forjada y desplegada.

Una versión en cable de acero.

Cinco versiones en acero tejido.

Tres versiones en estructura laminar (origami).

Tres versiones donde el acero está trabajado en grandes masas para oponer su materia al viento.

Tres versiones de acero pesado y forjado atendiendo a la estructura real del caballo.
Una versión de acero tallado con oxígeno para hacer sonar el viento entre sus grietas.

Una versión en láminas.

Dos versiones colgadas, muy livianas.

Tres versiones del Bebedor de los Vientos donde combino estructura con láminas que se pueden graduar según la dirección y la fuerza del viento.

Sujeto de Contenido

Decía al principio que el sujeto de contenido de esta escultura era un caballo en la mitad de Los Andes para sonar como un instrumento de viento. Pero el referente más profundo es un caballo cultural: ese caballo imposible que todos los chilenos antiguos llevamos adentro, ese que nunca tendremos por mucho caballo real que tengamos o hayamos tenido, ese caballo que sólo se tiene en escultura.

Decía al principio que el referente de esta escultura eran Los Andes.

Pero el referente profundo es el enigma de Los Andes "que nos hace morir cuando nos falta" (Gabriela Mistral).

Sin embargo, a la par con estos dos referentes inalcanzables y con la misma fuerza, el referente de esta escultura es la escultura. Esa que he vivido toda mi vida, esa que se tiene sólo haciéndola y nunca se tiene.

Estoy de acuerdo con mi maestro Anthony Caro: "un escultor tiene que ser obsesivo con la escultura, vivir escultura… " Y Dios sabe que lo he sido.

En este trabajo finalmente se me aclara que un escultor tiene que ser obsesivo con su escultura, pero también con sus referentes finales para que, de alguna manera y en alguna edad, comience a juntar las cosas, las de afuera y las de adentro, la historia de la escultura con su historia personal.

La gran escultura siempre se ha hecho así: al lado de afuera del arte.

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